¿Cuándo me volví feminista?
Por allá por el 2016, cuando fui a mi primera marcha bajo el lema #NiUnaMenos.
Me hice feminista cuando entendí que el Femicidio no era una ventaja, sino una palabra con mucho dolor y sangre.
Me hice feminista cuando tomé conciencia de que nos están matando solo por ser mujer.
Me hice feminista luego de esa marcha y llorar por casi tres días, entendiendo mi propia historia.
Me hice feminista cuando entendí que esta lucha es de todas, cada día.
Me hice feminista, cuando me di cuenta que no estaba sola.

¿Por qué marcho?
Porque quiero que nunca más me critiquen la falda corta o porque que no sé planchar (si sé, pero no me gusta). Porque No es NO. Porque no soy tonta por haber estudiado una carrera humanista en una U privada, porque no soy flaite por haberme criado en una comuna al sur de la ciudad.

Porque me prometí nunca más fingir un orgasmo. Porque me gusta decir chuchás y no por eso soy menos femenina. Porque nunca más quiero depender de otro. Porque YO PUEDO.

Porque no quiero volver a temer porque un compañero de U me quiere violar.

Porque no quiero que me vuelvan a decir maraca por cómo me visto, maquillo o por la música que escucho. Porque no quiero que ningún colega me sobajee la espalda. Porque no quiero tener más miedo….

Marcho por mi, mis hermanas, mi madre y mi tía. Por mis sobrinas y amigas. Por todas las que no pueden porque ya o están o tienen miedo.

Marcho para que la justicia encierre a todos los “Mancinis” acosadores, a los maridos maltratadores, a los curas violadores, al colega degenerado, al tinder psyco y a ese profesor degenerado también.

Por eso y más…

El domingo pasado fui a marchar, y solo las que estuvimos ahí podemos comprender lo indescriptible que fue la experiencia de sentirnos seguras, amadas, lindas y empoderadas.

Marché por mi Sofi y mi Maite, con mis amigas “la Coni, la Vero, la Tamy y la Jesu”, que nunca habían marchado por el derecho de ser mujer, marche por estar en contra del “machito opresor”, por el derecho de nosotras de poder decidir sobre nuestro cuerpo y actuar. Marché por mis hermanas y nuestras amigas.

Grité como nunca antes había gritado, canté, reí y lloré. Me sentí libre y así me quiero sentir siempre.

¡No se imaginan lo lindo que fue sentirse acompañada en el metro!. Sentir la incomodidad del “hombre”, cuando es minoría, no digo que esto esté bien, pero así nos sentimos nosotras 364 días al año.

El domingo 8 de marzo del 2020, terminé de entender lo que es la sororidad.
Soy feminista, porque soy mujer.
Soy feminista porque me aprendí a amar.
Soy feminista, porque estoy convencida que sin nosotras las sociedades no crecen.
Soy feminista, porque somos el futuro.

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